| Este próximo lunes 22 de junio podremos disfrutar de su primer capítulo. |


La Danza de los Dragones ha dejado de ser una amenaza lejana para convertirse en una cruda y sangrienta realidad. Tras un final de segunda temporada que funcionó como la calma tensa antes de la tormenta perfecta, el bando de los Negros, liderado por la Reina Rhaenyra Targaryen, se encuentra en su posición más fuerte, pero también en la más vulnerable.
Con la tercera temporada a la vuelta de la esquina, analizamos cómo quedan las piezas de la Reina Legítima en el tablero de ajedrez de Poniente.
Más dragones, más problemas
Al cierre de la segunda temporada, Rocadragón logró un hito histórico gracias a la Sembratoma, en el que bastardos de origen valyrio domaron a los dragones que no tenían jinete.
El nuevo arsenal aéreo
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Vermithor: El imponente «Furia de Bronce», ahora montado por el herrero Hugh Martillo. Es el segundo dragón más grande del mundo tras Vhagar.
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Ala de Plata (Silverwing): Domada por el carismático y caótico Ulf el Blanco.
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Bruma (Seasmoke): Vinculado a Addam de Hull, el hijo ilegítimo de Corlys Velaryon.
A primera vista, Rhaenyra ha inclinado la balanza militar a su favor. Sin embargo, este nuevo poder es un arma de doble filo. Hugh y Ulf no son nobles leales criados en la corte, sino plebeyos con un poder divino en sus manos. La lealtad de las «semillas de dragón» podría ser uno de los hilos más tensos y peligrosos de los próximos episodios.

La reconciliación crucial entre Rocadragón y Harrenhal
Si algo debilitó a los Negros durante la segunda temporada fue la distancia (tanto física como mental) entre Rhaenyra y Daemon Targaryen. Las alucinaciones de Daemon en el castillo embrujado de Harrenhal parecieron llevarlo al borde de la traición.
Afortunadamente para su bando, la visión del árbol arciano y las profecías de la Canción de Hielo y Fuego reubicaron al Príncipe Canalla. Daemon ha hincado la rodilla, reconociendo que el destino de Rhaenyra va más allá del Trono de Hierro, en el que ella es la clave para salvar al mundo. Con Harrenhal asegurado y las huestes de las Tierras de los Ríos listas para marchar, la fuerza terrestre de los Negros es, por fin, una amenaza real.
Además de la superioridad aérea, dado que cuentan con más dragones listos para el combate que los Verdes, el pacto con Cregan Stark asegura el avance de los «Lobos del Invierno».
En materia naval este bando cuenta con la flota Velaryon, ahora bajo el mando de Alyn de Hull, que domina los mares y el bloqueo a la capital pero que desconoce el pacto militar de Tyland Lannister con la Triarquía tras ganarse el respeto de la almirante Sharako Lohar.

El pacto secreto: ¿Una victoria sin sangre?
El clímax del final de temporada nos dejó un encuentro clandestino entre Rhaenyra y Alicent Hightower. Una Alicent derrotada y marginada por su propio consejo ofreció Desembarco del Rey en bandeja de plata a cambio de la vida de su hijo Helaena. Sin embargo, Rhaenyra fue implacable: «Un hijo por un hijo». Para reclamar el trono, Aegon II debe morir.
Este pacto, aunque prometedor sobre el papel, está destinado a torcerse. Con Aegon huyendo en secreto de la capital junto a Larys Strong y Aemond Targaryen desatado y furioso a lomos de Vhagar, el plan pacífico de Alicent probablemente estalle en mil pedazos en los primeros compases de la tercera temporada.
Conclusión:
La hora de la diplomacia ha terminado. La tercera temporada promete llevar a la pantalla algunas de las batallas más brutales de la obra de George R.R. Martin, como la Batalla del Gaznate. Los Negros tienen la ventaja estratégica y militar, pero en el universo de Poniente, el exceso de confianza suele pagarse con sangre.
Rhaenyra ya no es la princesa heredera que buscaba la paz, sino una reina mesiánica dispuesta a quemar lo que sea necesario para cumplir su destino. La Danza de los Dragones está a punto de volverse verdaderamente destructiva.
