| Profecías, espadas y una guerra entre dioses… MALDAD juega con todos los tropos clásicos y lo hace sorprendiendo. |


Reseña de MALDAD / LOS FIELES Y LOS CAÍDOS 1 de John Gwynne y publicada por Ediciones Minotauro (2026) | «Una novela que supone un regreso a la fantasía épica más clásica con enorme personalidad.»
En las Tierras Desterradas, un antiguo conflicto entre fuerzas divinas dejó cicatrices que aún marcan el mundo. Durante siglos, la paz ha sido solo una tregua, porque las viejas profecías anuncian que la guerra entre la Luz y la Oscuridad volverá a estallar. Mientras reinos enfrentados conspiran, alianzas cambian y extrañas señales empiezan a multiplicarse, un amplio grupo de personajes, desde jóvenes aprendices hasta guerreros veteranos, príncipes, reyes y campesinos, se verá arrastrado hacia un destino mucho mayor de lo que imaginan. Hoy vamos a hablaros de la novela MALDAD, novela debut del aclamado John Gwynne, comienzo de una saga de fantasía donde el crecimiento personal, las lealtades y las decisiones difíciles serán tan importantes como las batallas que se avecinan.
Si atiendes a las premisas básicas de esta historia, probablemente pensarás que has leído este tipo de novelas cien veces. Tenemos una profecía, la eterna lucha entre el bien y el mal, elegidos destinados a cambiar el curso de la historia, reinos medievales, espadas, gigantes, criaturas legendarias y una narración con múltiples puntos de vista. Sobre el papel, diríamos que el autor no parece interesado en reinventar la fantasía épica. Y, sin embargo, persigue algo mucho más complicado, y es hacer que todos esos ingredientes vuelvan a sentirse especialmente emocionantes.
MALDAD es una carta de amor a la fantasía clásica. No pretende esconder sus influencias ni sorprender con giros imposibles desde la primera página. Su mayor virtud consiste precisamente en la forma en que ejecuta a la perfección una fórmula conocida. Todo está construido con tanta seguridad y tanto cariño por el género que es muy gratificante dejarse llevar.
Eso sí, conviene ir con las expectativas adecuadas. El comienzo es pausado. Muy pausado. Gwynne dedica buena parte de la novela a presentar personajes, reinos, conflictos políticos y la historia de este mundo antes de acelerar el ritmo. Es posible que puedan desesperarte las primeras doscientas o trescientas páginas, especialmente si esperas acción constante. Pero no dudes que esa paciencia acaba dando sus frutos. La historia empieza a encajar y las piezas van ocupando su espacio para que todo cobre mucho más sentido y de esta manera las escenas importantes tienen un impacto mayor.
Uno de los mayores aciertos de la novela es su reparto de personajes. Son muchos, quizá demasiados al principio, y memorizar tantos nombres puede resultar un pequeño desafío. Durante los primeros capítulos es fácil perderse entre lugares, familias y títulos nobiliarios. Sin embargo, conforme avanza la lectura, cada uno desarrolla una voz propia y acaba siendo sorprendentemente fácil distinguirlos.
Además, Gwynne consigue que importe lo que les sucede, algo que no siempre ocurre en este tipo de historias tan corales. Los personajes evolucionan de forma natural, cometen errores, maduran y toman decisiones que no siempre son sencillas. Algunos representan el clásico viaje de aprendizaje del héroe, mientras que otros exploran zonas mucho más grises, convencidos de estar haciendo lo correcto aunque el lector intuya que quizá se estén equivocando. Ese contraste añade bastante interés a una historia que, en apariencia, gira alrededor de un conflicto muy tradicional.
También me gustó especialmente cómo trata las relaciones entre los propios personajes. La amistad, la familia, el honor, la lealtad o el peso de las expectativas familiares tienen tanta importancia como las propias batallas. Incluso los vínculos entre humanos y animales terminan convirtiéndose en algunos de los momentos más emotivos del libro, aportando un componente emocional que funciona sorprendentemente bien.
En cuanto al mundo, las Tierras Desterradas resultan familiares sin sentirse vacías. Hay una clara inspiración en la Europa medieval, con cierto aroma celta tanto en los nombres como en la ambientación, pero también una mitología propia que sostiene todo el relato. El trasfondo de los antiguos dioses, la guerra que cambió el mundo y las leyendas que rodean la profecía consiguen despertar la curiosidad sin saturar al lector con interminables explicaciones.
Las escenas de acción merecen una mención aparte. Cuando llegan, compensan de sobra la lentitud inicial. Los combates están narrados con claridad, transmiten tensión y tienen un punto muy físico que hace que cada duelo o batalla transmita credibilidad. Se nota que el autor presta atención a la forma de luchar de sus personajes y eso aporta mucho dinamismo a los enfrentamientos. El último tramo de la novela, además, acelera considerablemente el ritmo y es ya imposible soltar el libro, y eso que pesa.
Otro aspecto que agradecí fue que, pese al tono oscuro que va adquiriendo la historia, nunca cae en el pesimismo absoluto. Hay violencia, traiciones y pérdidas importantes, pero sigue existiendo espacio para el compañerismo, la esperanza y personajes genuinamente nobles. No todos viven en una escala moral completamente difusa, algo que se agradece si uno disfruta de la fantasía clásica sin necesidad de que todos sean antihéroes atormentados.
Lo más llamativo de la novela es que, siendo una novela claramente introductoria para sus continuaciones, consigue dejar una enorme sensación de promesa. Gran parte del libro está colocando piezas para lo que vendrá después, y aun así nunca transmite la impresión de ser un simple prólogo de seiscientas páginas. Cuando se llega al final, la sensación predominante no es la de haber cerrado una historia, sino la de estar justo en el momento en que todo empieza de verdad.
En definitiva, con esta novela John Gwynne firma un debut tremendamente sólido, aunque en España hayamos disfrutado ya de su trilogía HERMANOS DE SANGRE. Quizá no revolucione la fantasía épica ni invente conceptos nuevos, pero demuestra que los viejos tropos siguen funcionando cuando están bien escritos, los personajes importan y el mundo invita a seguir siendo explorado. Si disfrutas de las grandes sagas de fantasía tradicional, con múltiples protagonistas, profecías, guerras, criaturas legendarias y un desarrollo sosegado, MALDAD tiene muchas papeletas para convertirse en el comienzo de una serie con la que vas a disfrutar horas y horas.
Muchas gracias al sello Ediciones Minotauro por facilitarme un ejemplar de prensa para que os comente mis impresiones, absolutamente sinceras, sobre esta novela.
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