| Ciencia, sátira y ambición escrita cien años antes de la conquista del espacio… |


Reseña de DE LA TIERRA A LA LUNA de Julio Verne y publicada por RBA Libros (2026) | «La asombrosa imaginación de Julio Verne sin perder el sentido del humor ni el espíritu de aventura en la confección de un impensable proyecto.»
Si bien es cierto que el segundo cuarto del siglo XXI se queda bastante alejado de las predicciones literarias que Julio Verne impresionó a todo el mundo con sus novelas, clavó con ellas gran parte del siglo XX. Una muestra, de las muchas que tiene, es la publicación de DE LA TIERRA A LA LUNA en 1865, adelantando en cien años el viaje a la luna. En ese año viajar al espacio pertenecía por completo al terreno de la imaginación y por ello es de encumbrarlo porque tuvo la capacidad de plantear una idea tan descabellada con una convicción que termina contagiando al lector.
La historia comienza de una forma bastante peculiar. Después de la Guerra de Secesión, los miembros del Baltimore Gun Club se encuentran sin un objetivo claro. Son hombres obsesionados con la artillería, con los cañones y con inventar armas cada vez más grandes. En lugar de resignarse al aburrimiento, deciden embarcarse en el loco proyecto de construir un cañón gigantesco capaz de lanzar un proyectil hasta la Luna. Contado así suena ridículo, y precisamente ahí está parte del encanto de la novela. Verne es plenamente consciente de lo extravagante de la propuesta y juega constantemente con esa idea, mezclando momentos de humor con otros en los que todo se presenta con absoluta seriedad.
Uno de los aspectos que más complicados son las explicaciones técnicas. Verne dedica muchas páginas a cálculos, materiales, presupuestos, distancias y cuestiones de ingeniería. En algunos momentos el relato se detiene por completo para explicar cómo debería construirse el proyectil o cuánto dinero aportaría cada país al proyecto. No voy a negar que esas partes pueden hacerse largas, especialmente si uno espera una novela de aventuras desde la primera página. Sin embargo, también es verdad que forman parte de la personalidad del libro. Da la impresión de que Verne quería convencer al lector de que aquello podía hacerse de verdad, y para lograrlo necesitaba justificar hasta el último detalle.
Por suerte, cuando toda esa fase de planificación queda atrás, la novela gana bastante ritmo. Empiezan a aparecer situaciones mucho más entretenidas y personajes que aportan dinamismo a la historia. La rivalidad entre Barbicane y Nicholl, por ejemplo, tiene momentos realmente divertidos, porque ambos defienden sus ideas con una seriedad exagerada que acaba rozando lo absurdo. Pero quien termina llevándose gran parte del protagonismo es Michel Ardan. Su llegada cambia por completo el rumbo del proyecto y aporta ese espíritu aventurero que probablemente muchos estaban esperando desde el principio. Es un personaje impulsivo, optimista y algo temerario, pero precisamente por eso encaja tan bien en una historia que nunca deja de jugar con la frontera entre la lógica y la fantasía.
Algo que me llamó especialmente la atención es el tono satírico que atraviesa buena parte de la novela. Aunque el argumento gira alrededor de un viaje a la Luna, Verne aprovecha para burlarse de la fascinación por las armas, del orgullo nacional y de la obsesión por demostrar superioridad a cualquier precio. Esa crítica nunca resulta pesada porque está integrada dentro del humor del relato. El Gun Club parece formado por personajes completamente entregados a una causa disparatada, y eso hace que muchas escenas tengan un punto casi caricaturesco.
Naturalmente, es imposible leer esta obra sin pensar en la llegada del Apolo 11 a la Luna. Lo más impresionante no es que Verne acertara cada detalle, sino la cantidad de coincidencias que existen entre su ficción y lo que terminó ocurriendo más de cien años después. Que eligiera Florida como lugar de lanzamiento, que imaginara una tripulación de tres personas o que planteara algunos problemas similares a los que acabaría resolviendo la ingeniería espacial hace que la novela resulte todavía más fascinante. No es extraño que esté considerada una de las grandes obras fundacionales de la ciencia ficción.
Eso sí, conviene saber que el libro no cuenta realmente el viaje a la Luna. Todo gira alrededor de la preparación del proyecto, desde la idea inicial hasta el lanzamiento. Quien espere encontrar una aventura espacial completa quizá se lleve una sorpresa, ya que esa parte queda reservada para la continuación, ALREDEDOR DE LA LUNA. Aun así, el desenlace funciona porque deja esa sensación de querer saber qué ocurrirá después.
En conjunto, DE LA TIERRA A LA LUNA posee numerosas virtudes para que merezca la pena su lectura casi 150 años después, en la que la imaginación del autor derrocha capacidad, su sentido del humor y por convertir una idea aparentemente imposible en algo que, durante unas cuantas páginas, termina pareciendo perfectamente razonable. Más que una novela sobre un viaje espacial, es una historia sobre la ambición humana, la curiosidad y la necesidad de ir siempre un poco más allá de lo que parece posible. Quizá por eso sigue siendo una lectura tan recomendable.
Muchas gracias al sello RBA Libros por facilitarme un ejemplar de prensa para que os comente mis impresiones, absolutamente sinceras, sobre esta novela.
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