Reseña de YOJIMBOT – 1 – SILENCIO METÁLICO de EN PRÁCTICAS de Sylvain Repos y publicada por Nuevo Nueve (2025) | «La combinación excepcional de samuráis, robots y un mundo en ruinas resulta tan improbable como fascinante.»

Tiempo de lectura: 4 minutos

 | El personaje más humano de la historia podría ser un robot samurái… | 

Reseña de YOJIMBOT – 1 – SILENCIO METÁLICO de EN PRÁCTICAS de Sylvain Repos y publicada por Nuevo Nueve (2025) | «La combinación excepcional de samuráis, robots y un mundo en ruinas resulta tan improbable como fascinante.»

Llegué a este tomo accidentalmente en mi librería de cómics de confianza y la premisa me resultó tan atractiva que no puede evitar hacerme con él. Y es que cuando lees que la historia está ambientada en un Japón postapocalíptico habitado por robots, y que la trama sigue a un niño perseguido por fuerzas militares y un samurái mecánico dispuesto a protegerlo, no queda más remedio que admitir que toda esta combinación es merecedora de abrir sus páginas con enorme ilusión. La buena noticia es que, una vez dentro, el resultado está a la altura de las expectativas.

Lo primero que llama la atención es su apartado visual. Sylvain Repos construye un mundo que parece surgir de la mezcla entre una película de animación, una aventura de samuráis y un relato futurista lleno de ruinas tecnológicas. Cada página rebosa color, movimiento y detalles. Además, no es el típico cómic que se lee deprisa y se devuelve a la estantería, sino que cuando terminas, sientes la necesidad de volver atrás para contemplar con calma escenarios, diseños de personajes y pequeños elementos escondidos entre las viñetas.

La historia nos sitúa en un futuro donde algo salió terriblemente mal. Los humanos parecen haber perdido el control del mundo y los robots continúan desempeñando tareas para las que fueron creados mucho tiempo atrás. En medio de ese escenario aparece Hiro, un niño que se ve obligado a huir mientras intenta comprender qué está ocurriendo realmente a su alrededor.

Uno de los aspectos más interesantes es que el autor no tiene ninguna prisa por explicarnos las reglas del juego. De hecho, durante buena parte del volumen, las preguntas superan claramente a las respuestas. ¿Qué ocurrió con la humanidad? ¿Quién mueve los hilos de la persecución? ¿Por qué Hiro es tan importante? ¿Qué secretos esconden los misteriosos refugios donde sobreviven algunos humanos?

La decisión narrativa puede resultar arriesgada. Algunos lectores probablemente echarán en falta más contexto durante los primeros capítulos. Y no les faltará razón. Hay momentos en los que uno tiene la sensación de haber llegado a mitad de una historia ya empezada. Sin embargo, esa misma incertidumbre se convierte también en uno de los motores de la lectura. La curiosidad funciona como combustible y empuja constantemente a pasar página. Y mientras tanto, la acción no da tregua.

Los combates son espectaculares. No solo por la violencia o por la velocidad con la que se desarrollan, sino por la claridad con la que están narrados. El autor demuestra una habilidad notable para coreografiar enfrentamientos complejos sin que el lector se pierda jamás. Todo fluye con una naturalidad admirable. Hay dinamismo, energía y una sensación constante de movimiento que convierte muchas secuencias en auténticos festivales visuales.

Pero lo que realmente eleva la obra por encima de una simple aventura de acción es su protagonista mecánico. El Yojimbot podría haberse limitado a ser un guardaespaldas robótico con katana. Habría funcionado igualmente. Sin embargo, el autor decide dotarlo de una dimensión mucho más interesante. Programado según los principios éticos de los antiguos samuráis, este guerrero metálico encarna valores como el honor, la lealtad y el sacrificio. Y aquí surge una de las ideas más atractivas del cómic, porque en un mundo donde muchos seres humanos parecen haber olvidado cualquier brújula moral, son precisamente las máquinas quienes conservan aquello que consideramos más humano.

Y paradójicamente, algunos de los personajes más emotivos de la historia apenas hablan. Los robots transmiten personalidad a través de sus gestos, sus acciones y sus decisiones. Vemos como esa capacidad para humanizar seres mecánicos constituye uno de los mayores logros de la obra.

También merece una mención especial la galería de villanos. Son personajes que despiertan rechazo casi instantáneo. La amenaza que representan resulta tangible desde el principio y contribuye a generar una tensión constante durante toda la lectura. Uno de ellos, en particular, consigue provocar ese agradable sentimiento de impaciencia que aparece cuando un lector solo desea seguir avanzando para ver cómo recibe finalmente su merecido.

El misterio de resolver gran parte de las cuestiones que aborda esta obra está tan cuidadosamente dosificado que muchas incógnitas permanecen abiertas cuando llega el final. Y eso puede dejarte esperando ansioso la siguiente entrega, Pero lo que parece indiscutible es que funciona extraordinariamente bien como inicio de saga.

En definitiva, Yojimbot ofrece una mezcla muy atractiva de ciencia ficción, aventuras samuráis y emoción. Aunque su argumento general todavía esté por desvelar, cuenta con un universo fascinante, sus personajes desprenden carisma y su apartado artístico es sencillamente sobresaliente.

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