| El descubrimiento del lenguaje como salvación… o como puerta a un horror más profundo… |


Reseña de APARICIONES de Adam Pottle y publicada por Dilatando Mentes (2025) | Ep. 13×001
Una de las últimas publicaciones que el sello Dilatando Mentes ha lanzado a finales del año 2025 ha sido la novela APARICIONES de Adam Pottle y de la que en esta entrada os hablaremos de nuestras impresiones.
La historia que podemos leer en este libro es notablemente particular, quizás de las más singulares de mi vida como lector. Y como suele pasar en este tipo de ocasiones, es debido a que su narración suele estar elaborada de una manera diferente a otras del mismo género. Así funciona esta novela, que además obliga a mirar de frente a aquellos que normalmente evita. Su trama camina inexorablemente entre la violencia, el abandono y la soledad, pero también por la ternura, la necesidad de afecto y la belleza que puede surgir incluso en los lugares más oscuros.
La historia sigue los pasos de un adolescente sordo que escapa tras años de encierro y abusos, sin nombre, sin identidad y sin palabras para describir su dolor. Herido, llega a un hospital psiquiátrico en las praderas canadienses, donde conoce a Felix, otro joven sordo que le enseña a comunicarse y le ofrece una aparente amistad. Pero esa ayuda pronto se convierte en manipulación, ya que Felix busca moldearlo a su imagen, atrapándolo en una nueva forma de control. Entre la libertad y la sumisión, el protagonista deberá luchar por sobrevivir y descubrir su propia voz en un mundo que nunca lo ha escuchado.
Al seguir la vida de un adolescente sordo privado de toda forma de lenguaje y afecto durante sus primeros años, la novela se convierte en una experiencia emocional extrema, tan desgarradora como luminosa.
Pottle adopta una perspectiva narrativa profundamente íntima a través de la mente del protagonista que se convierte en el único puente entre el lector y el mundo. De hecho, no tiene nombre durante la mayor parte del libro, carece de palabras, de signos, e incluso de categorías para comprender lo que le ocurre. Su realidad está moldeada solo por la brutalidad de quien lo mantiene encerrado, aislado en un espacio reducido donde las paredes son su universo. Su primer idioma no es uno que se pueda traducir y su manera de interpretar la vida nace del miedo, del castigo y de la supervivencia.
Estas primeras páginas son particularmente duras de leer. El autor logra que el lector sienta la desorientación de un niño que no puede comunicarse con nadie y que ve la violencia como única forma de relación humana. La narración puede resultar confusa por momentos, pero hay una intención clara detrás, que no es otra que la de reproducir lo que significa crecer sin palabras ni referencias, atrapado en un encierro literal y simbólico. Y en esa misma oscuridad también se encuentra una prosa de una delicadeza inesperada, gracias a su autor escribe con una sensibilidad que contrasta con la brutalidad de lo que describe.
Cuando finalmente el protagonista logra escapar y es trasladado a una institución psiquiátrica, su mundo se abre por primera vez. Allí conoce a Felix, otro chico sordo que le enseña el lenguaje de signos. Y ese gesto tan simple, como el de una mano que responde a otra, lo transforma todo para él ya que se abre hacia la comunicación, y con ella la esperanza. Aprender a nombrar significa también una manera de aprender a sentir. La aparición del lenguaje, pero también de un vínculo emocional, se convierte en una luz que rompe su aislamiento.
Sin embargo, esta nueva libertad es frágil. Felix, carismático y herido por su propio pasado, se vuelve una presencia intensa, casi absoluta. Ofrece una realidad compartida, pero también una dependencia que pronto toma un rumbo inquietante. La institución, lejos de ser un refugio seguro, se revela como un lugar donde la vulnerabilidad puede ser manipulada, donde el cuidado es insuficiente y el poder se ejerce sin control. En este punto, la historia se acerca al terror psicológico y el miedo se fragua no de criaturas sobrenaturales, sino de seres humanos y de sistemas que fallan.
Lo más devastador es percibir que su protagonista posee una enorme capacidad de amar, dado que por no haber recibido nunca amor, lo anhela como quien necesita aire, y esa misma necesidad lo vuelve presa fácil de nuevas formas de daño. El lector se encuentra dividido entre el deseo de que encuentre compañía y el temor a que esa compañía lo destruya. La tensión emocional crece página tras página hasta desembocar en una secuencia final tan dolorosa como inevitable.
Más allá de la angustia que provoca, la novela es también un ejercicio poderoso de empatía. APARICIONES denuncia la privación lingüística como una forma de violencia y la afirmación fehaciente de que negar la comunicación es negar la humanidad. El libro revela las consecuencias devastadoras de haber sido tratado como algo menos que una persona durante los años fundamentales en el desarrollo integral de una persona. En paralelo, reivindica la riqueza de la comunidad sorda, su identidad, su resistencia y su derecho a ser comprendida en sus propios términos, lejos de visiones que la consideran deficitaria o corregible.
Entre los temas que aborda se cuentan traumas familiares, medicalización sin compasión, homofobia, manipulación emocional, abuso físico y sexual, así como la indiferencia social ante aquellos que no encajan en la norma. El autor se atreve a explorar estos terrenos sin ocultarlos bajo metáforas cómodas y su escritura busca que el lector sienta tanto la agonía como los destellos de belleza que sobreviven a ella.
Lo notable es que, pese a todo, el libro nunca se regodea en la crueldad. Hay una corriente persistente de amor en diversas formas (tormentoso, equivocado, distorsionado, pero también luminoso y puro) y que sostiene la narración.
Muy interesante nos parece añadir que en la nota del autor previa al inicio de la novela conocemos que la historia esta basada en un hecho real, aunque en ciertas partes modificados para hacerlo viable en modo novela, y que para la elaboración del relato fue indispensable contar con diferentes recursos como artículos periodísticos, expedientes escolares y otros varios, que pueden encontrarse intercalados en el desarrollo de la narración.
APARICIONES es, en definitiva, una obra particularmente especial, un relato de formación que es también una historia de terror, una denuncia social y una evocación al poder del lenguaje. Puede ser perturbadora, pero es igualmente conmovedora, difícil de soportar en ocasiones, pero imposible de olvidar.
Quien decida adentrarse en ella debe hacerlo con cierta precaución pero sin miedo, dado que podrá encontrarse con una propuesta narrativa que rompe moldes y que amplía la mirada del lector. Porque, al fin y al cabo, la novela nos recuerda que todos tenemos derecho a una voz y que, incluso tras la peor de las pesadillas, puede haber una posibilidad de comenzar de nuevo.
Muchas gracias al sello Dilatando Mentes por facilitarme un ejemplar de prensa para que os comente mis impresiones, absolutamente sinceras, sobre esta novela.
Cita:
«Mi primer idioma no fue el lenguaje de signos. Fue la violencia. Cuando alguien me hablaba, cuando cualquiera me habla ahora, lo hace con lo que me parecen fantasmas. Eso es lo que son las palabras. No las vemos, pero las sentimos.» (Página 18)
NOTA FINAL: 4/5

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