Reseña de la película THE MANDALORIAN AND GROGU | «Un episodio carísimo disfrazado de evento cinematográfico que carece de trascendencia alguna.»

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 | La película fue estrenada el pasado jueves 21 de mayo de 2026. |

Pocas franquicias viven tan cómodamente instaladas en la contradicción como STAR WARS. Por un lado, su regreso de Star Wars al cine sigue vendiéndose como un acontecimiento galáctico pero por otro, cada nueva entrega parece diseñada sin ningún tipo de cuidado emocional. Y eso resume bastante bien esta película.

Porque sí, THE MANDALORIAN AND GROGU se deja ver. No es un desastre. No provoca vergüenza ajena ni tiene el caos narrativo de otras producciones recientes de la saga. El problema es que es una película tan correcta, tan calculada y tan inofensiva, que termina pareciendo irrelevante. Como si alguien hubiera cogido dos episodios de relleno de la serie, les hubiera puesto presupuesto IMAX y hubiera dicho: “listo, ya tenemos estreno cinematográfico”.

La sensación de estar viendo una versión alargada de la serie aparece desde el minuto uno. No hay verdadera construcción dramática, no existe una amenaza que se sienta importante y casi nada parece tener consecuencias. Mando va del punto A al punto B, dispara a unos cuantos enemigos, Grogu pone ojitos, aparece una criatura enorme, suena música épica… y repetimos la fórmula durante más de dos horas. Todo fluye con tanta facilidad que nunca hay tensión real. La película avanza, sí, pero nunca despega.

Y aquí está la gran cuestión: ¿por qué esto está en cines y no directamente en Disney+? Cuesta encontrar una respuesta convincente más allá de la necesidad industrial de mantener viva la maquinaria de STAR WARS en pantalla grande. Se nota demasiado esa lógica moderna de franquicia eterna donde lo importante no es contar una historia memorable, sino alimentar constantemente el contenido. El resultado se parece más a un producto de mantenimiento que a una película con identidad propia.

Lo curioso es que técnicamente hay mucho talento detrás. Jon Favreau sabe mover este universo con soltura. La película luce fantástica por momentos con criaturas bien diseñadas, efectos visuales pulidos, escenarios espectaculares y una producción gigantesca que constantemente intenta convencerte de que estás viendo “algo grande”. Y la banda sonora de Ludwig Göransson es, probablemente, lo mejor de toda la experiencia. Escuchar esos temas en una sala de cine sigue teniendo fuerza. Hay secuencias donde la música aporta una épica que el guion jamás alcanza por sí solo.

También se agradece el uso de marionetas, animatronics y efectos prácticos que todavía conservan algo del encanto artesanal clásico de STAR WARS. En una época donde muchas superproducciones parecen videojuegos carísimos, aquí al menos hay cierta textura física. El problema es que toda esa artesanía envuelve una historia sorprendentemente vacía.

Porque el guion no tiene ningún tipo de grosor dramático. Los personajes apenas evolucionan, los secundarios entran y salen sin dejar huella y ni siquiera los protagonistas parecen cambiar después de todo lo vivido. La película no se detiene a explorar conflictos internos, dilemas morales o relaciones complejas. Todo está reducido a una sucesión de momentos funcionales que conectan escenas de acción.

Y luego está Grogu, claro. El pequeño fenómeno del merchandising intergaláctico. Habrá quien siga derritiéndose cada vez que aparece en pantalla haciendo ruiditos adorables, pero también empieza a existir una cierta fatiga alrededor del personaje, de la cual me incluyo. Disney encontró una mina de oro emocional y comercial en esa criatura, y la está explotando hasta límites industriales. Hay momentos en los que la película parece más preocupada por recordarte lo adorable que es Grogu que por construir una narrativa interesante. 

Otro problema importante es el tono. La película está tan obsesionada con resultar accesible para todos los públicos que termina perdiendo personalidad. Todo parece suavizado, redondeado y libre de riesgo. No hay oscuridad real, no hay tragedia, no hay sensación de peligro. Incluso las escenas de acción, aunque visualmente espectaculares, carecen de peso emocional. Se ven bien mientras duran y se olvidan cinco minutos después.

Y eso lo más triste de todo sea lo olvidable que resulta. Sales del cine entretenido, incluso satisfecho a ratos, pero al cabo de unas horas cuesta recordar algo verdaderamente memorable. No hay una escena icónica, un gran villano, un diálogo potente o una secuencia que justifique el regreso de STAR WARS a la gran pantalla. Le falta mística. Le falta alma. Le falta esa sensación de aventura gigantesca que antes convertía estas películas en eventos culturales.

Aun así, tampoco sería justo destrozarla. Hay diversión aquí. Los fans de STAR WARS probablemente pasarán un buen rato identificando referencias, criaturas, detalles del lore y conexiones con otras historias del llamado “Mandoverso”. Vista con expectativas moderadas, funciona como entretenimiento ligero. El problema llega cuando uno espera cine con mayúsculas.

Porque THE MANDALORIAN AND GROGU representa perfectamente el gran dilema actual de las franquicias modernas, con productos técnicamente impecables, visualmente enormes y emocionalmente diminutos. Mucho presupuesto, poca inspiración. Mucha continuidad, poca trascendencia. Y quizá esa sea la palabra clave: trascendencia. Antes STAR WARS hacía sentir que cualquier cosa podía pasar. Ahora parece diseñada para que nunca pase nada demasiado importante. Todo debe continuar intacto para el siguiente spin-off, la siguiente temporada o la siguiente película.

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