| La imaginación de Julio Verne hace que el viaje al centro de la Tierra resulte peligrosamente tentador… |


Reseña de VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA de Julio Verne y publicada por RBA Libros (2025) | Ep. 13×017
Si sois lectores habituales ya conoceréis de largo esa sensación de libros que se quedan en la memoria durante muchos días después de acabar la última páginas. IMaginaros esa sensación si en lugar de varios días el poso del libro permanece durante años. Y es que el título que reseñamos hoy, VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA de Julio Verne pertenece a este exclusivo segmento. No es simplemente una aventura clásica, sino que es una de esas historias que despiertan la imaginación con tanta fuerza que, incluso cuando sabes que la ciencia real no respalda sus ideas, una parte de ti desea que tenga razón. No niego que mis impresiones de la novela estén positivamente contaminadas por ser una de las primeras lecturas de mi vida y que todo lo que uno percibe en edades tempranas acaba por quedar marcado de por vida, pero es que ya la premisa de la historia es espectacular.
Todo comienza cuando el excéntrico profesor Otto Lidenbrock encuentra un misterioso mensaje cifrado escondido en un antiguo manuscrito. El autor del enigma es un sabio islandés del siglo XVI, Arne Saknussemm, quien afirma haber encontrado una ruta hacia el centro de la Tierra. Para Lidenbrock, un científico obsesionado con descubrir lo que nadie ha descubierto antes, aquello es una invitación irresistible. Su sobrino Axel, narrador de la historia, no está ni de lejos tan entusiasmado. Pero entre la presión de su tío, el deseo de impresionar a su prometida y un cierto espíritu aventurero, termina embarcándose en una expedición que parte desde Hamburgo y los lleva hasta Islandia, donde el volcán Snæfellsjökull servirá como puerta de entrada a lo desconocido.
A partir de ahí comienza la verdadera diversión.
Quien busque en esta novela un estudio profundo de la psicología de los personajes quizá se lleve una pequeña decepción. Verne no era precisamente un maestro del retrato psicológico. Sus personajes son más bien arquetipos muy claros: el profesor obsesivo y entusiasta, el sobrino escéptico y nervioso, y Hans, el guía islandés tan tranquilo que parece inmune al pánico. Pero esa simplicidad funciona sorprendentemente bien. Cada uno representa una forma distinta de enfrentarse a lo desconocido, y juntos crean un equipo con el que se sentimos autenticidad y empatía por ellos.
Además, seamos honestos, y es que nadie abre este libro esperando introspección existencial. Lo abrimos para ver qué demonios hay debajo de nuestros pies. Y Verne no decepciona.
A medida que los viajeros descienden por galerías volcánicas y túneles imposibles, el mundo subterráneo se vuelve cada vez más extravagante. Hay mares ocultos, tormentas bajo tierra, criaturas prehistóricas, bosques petrificados y hongos gigantescos que parecen árboles. En un momento memorable, los protagonistas presencian una batalla entre monstruos marinos antediluvianos que podría competir con cualquier escena de acción moderna. Todo es exagerado, improbable y absolutamente maravilloso.
Claro, desde el punto de vista científico el libro tiene… digamos… algunos problemas. Hoy sabemos perfectamente que el interior del planeta no es un parque jurásico con océanos secretos. Si alguien realmente intentara cavar hasta el centro de la Tierra, probablemente acabaría más tostado que el relleno de una tarta caliente. Pero exigir precisión geológica a una novela publicada en 1864 sería perderse el punto principal. El autor no intentaba escribir un tratado académico sino que estaba construyendo un escenario para la aventura.
Y vaya si lo consigue.
Lo interesante es que, pese a sus licencias fantásticas, Julio Verne se tomaba muy en serio la ciencia de su tiempo. En muchos pasajes explica teorías geológicas, describe formaciones rocosas o analiza fenómenos naturales con entusiasmo casi pedagógico. A algunos lectores modernos esas secciones pueden parecer largas, pero forman parte del encanto. Dan la sensación de que el autor realmente quería entender el mundo y compartir esa curiosidad con sus lectores.
De hecho, esa curiosidad es probablemente el verdadero corazón del libro.
Porque más allá de dinosaurios y cavernas gigantes, VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA trata sobre el impulso humano de explorar. Sobre esa mezcla de valentía, terquedad y fascinación que ha llevado a exploradores reales a cruzar océanos, escalar montañas o adentrarse en territorios desconocidos. Axel, que al principio está muerto de miedo, termina contagiándose del entusiasmo de su tío. Y el lector, inevitablemente, se contagia también.
Otra de las grandes virtudes de la novela es su ritmo. Aunque el descenso al interior del planeta tarda un poco en comenzar, los capítulos iniciales cumplen una función importante, que no es otra que la de preparar el terreno, crear misterio y dejarnos saborear el viaje antes de lanzarnos al abismo. Una vez que la expedición entra en el volcán, la historia encadena peligro tras peligro a través de la ausencia de agua, túneles sin salida, tormentas subterráneas, criaturas gigantes y desastres geológicos de todo tipo.
Curiosamente, la novela ni siquiera necesita un villano. El enemigo es el entorno mismo y que percibimos gracias a su oscuridad, el calor, la desorientación, la inmensidad de un mundo desconocido. Y eso demuestra algo interesante como que una buena aventura no siempre necesita un antagonista humano. A veces basta con enfrentar a los personajes con lo desconocido.
Más de siglo y medio después de su publicación, la novela sigue funcionando sorprendentemente bien. Quizá porque, en el fondo, apela a una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez desde niños: ¿qué demonios hay debajo de nuestros pies?
Puede que la respuesta real sea magma y roca fundida. Pero gracias a Julio Verne, también puede ser un océano perdido, un bosque prehistórico o un camino hacia lo imposible. Y sinceramente, entre la geología aburrida y la imaginación desatada… sabemos perfectamente con cuál nos quedamos.
Muchas gracias al sello RBA Libros por facilitarme un ejemplar de prensa para que os comente mis impresiones, absolutamente sinceras, sobre esta novela.
NOTA FINAL: 5/5

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